Psicópatas
al natural
Por Sergio Sinay
Cuando latrocinio y psicopatía se funden en el poder, los costos para la sociedad y la convivencia son devastadores. Lo estamos comprobando una vez más.

En enero de 2009
la revista venezolana Zeta publicó
una entrevista de la periodista Laura Di Marco al psiquiatra Hugo Marietan
(ambos argentinos). Marietan es una reconocida autoridad en el estudio de la
psicopatía. En esa entrevista decía: “Los políticos de fuste generalmente son
psicópatas, por una sencilla razón: el psicópata ama el poder. Usa a las
personas para obtener más y más poder, y las transforma en cosas para su propio
beneficio. Esto no quiere decir, desde luego, que todos los políticos o todos
los líderes sean psicópatas, ni mucho menos, pero sí que el poder es un ámbito
donde ellos se mueven como pez en el agua". El psiquiatra agregaba que “el psicópata
siempre trabaja para sí mismo, aunque en su discurso diga todo lo contrario”. Desconoce
la empatía, es incapaz de ponerse en el lugar del otro. Todo tiene que estar a
su servicio, y eso incluye “personas, dinero, la famosa caja, para comprar
voluntades”.
Este diagnóstico
de Marietan armoniza con la visión del psiquiatra canadiense Robert Hare,
célebre especialista en el tema y creador del test PCLR, usado
internacionalmente en la clínica, la justicia e incluso la policía para
detectar la personalidad psicopática. En una conversación con José Manuel
Nieves, del diario madrileño ABC, publicada
el 19 de marzo de 2007, Hare señalaba que los psicópatas alcanzan al 1% de la
población mundial y que están mayoritariamente enquistados en la política, en
los negocios y, desde ya, en el crimen organizado. “Docenas de políticos de
alto nivel deberían claramente estar en la cárcel”, afirmaba Hare. Según su
descripción, los psicópatas saben controlar a los demás, tienen carisma y
suelen convertirse en líderes. Agregaba un aspecto significativo: “Te van a
engañar y a chupar la esencia, pero resultan atractivos, aún a costa de ese
precio tan alto. Al final, cuando ya no les sirves, te dejan. Los psicópatas
son esponjas emocionales y absorben todo lo que tengamos”.
Acaso esta última
sea la razón por la que suelen captar voluntades, incluso de personas que se
suponen lúcidas e informadas. “Una característica del psicópata, advertía al
respecto Marietán, es la manipulación que hace de la gente. Alrededor del
dirigente psicópata se mueven obsecuentes, gente que, bajo su efecto
persuasivo, es capaz de hacer cosas que de otro modo no haría. Es gente
subyugada, e incluso puede ser de alto nivel intelectual”.
A la luz de los
últimos episodios judiciales y policiales, la mirada de Marietán y la de Hare
permitirían confirmar que la última década no fue “ganada”. Fue, quizás como
nunca, la década de los psicópatas en el gobierno. Ahora desfilan por los
tribunales y empiezan a alojarse en celdas. Habían constituido una vasta
asociación ilícita dedicada a saquear el erario público y los bienes comunes de
la sociedad argentina mientras declamaban consignas vacías sobre derechos,
soberanía y otros temas que desvirtuaron y degradaron. La psicopatía se
extendió como una mancha desde el nivel más alto hasta el zócalo. La creencia
de que eran impunes los hizo torpes. Sabemos quiénes son. No lo sabe quien no
quiere o quien (aun a pesar de su supuesto nivel intelectual) fue subyugado,
como dice Marietan. “Sus banderas pueden ser la apelación al hombre nuevo, el
proyecto nacional, la liberación, la raza superior, la Nación, la patria. El
psicópata siempre necesita buscar un enemigo, para aglutinar”, señala este
especialista. Y la realidad lo confirma.
También es
importante saber que nunca estaremos a salvo de los psicópatas, y menos en el
poder. Según Hare, lleva tiempo identificarlos, no hay patrones fijos, como,
por ejemplo, con la esquizofrenia. Tampoco tienen cura. Jamás reconocen que son
psicópatas. Necesitan que haya crisis o situaciones extremas en las cuales
aparecer como salvadores. En la calma no tienen lugar.
Los antídotos
posibles frente a estos individuos son la información, la atención, el
pensamiento crítico, la autonomía intelectual. Una sociedad puede defenderse de
ellos a través de la normalidad, no de la excepción. Pensando y mirando antes
de elegir. Reflexionando, aprendiendo de sus experiencias. “Están en todas
partes, viven entre nosotros y tienen formas mucho más sutiles de hacer daño
que las meramente físicas”, apunta Hare. “La sociedad no los ve, o no quiere
verlos, y consiente”.
No verlos o
consentir tiene costos muy altos. Los hemos pagado. Los seguimos pagando. Razón
suficiente para no dejar de estar atentos. El poder los atrae, de manera que,
ante cualquier gobierno, la vigilia debe ser permanente.