Mostrando las entradas con la etiqueta Género. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Género. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de marzo de 2024

 EQUIDAD, RESPETO Y DIFERENCIA

Sergio Sinay

Una filósofa feminista plantea una nueva e inteligente perspectiva para superar los desencuentros de género en todos los ámbitos de la vida cotidiana





El ingreso de las mujeres a territorios laborales, políticos y sociales que les resultaban ajenos o estaban vedados no es sólo consecuencia de movimientos y luchas feministas, sino también de desarrollos tecnológicos producto de los cuales, especialmente en Occidente, los trabajos que sostienen al capitalismo tardío se hicieron menos dependientes de la fuerza y la destreza física. Entre otros interesantes y muy lúcidos conceptos esto plantea Nina Power en su reciente libro “¿Qué quieren los hombres?”, a mi entender la más amplia, comprensiva y superadora mirada planteada acerca de la controvertida temática de género.

Power es una filósofa y activista feminista británica que aporta con claridad y aguda inteligencia una perspectiva nueva y enriquecedora a una cuestión infestada de intolerancia, fundamentalismos, sesgos, desencuentro, cancelación y, en definitiva, rencor e infelicidad entre unos y otras. ¿Cómo podemos respetarnos, comprendernos y amarnos mutuamente cuando una cultura que nos necesita enfrentados, segmentados y solos para sacar rédito de ello desalienta valores eternos que están en nosotros por encima de cuestiones de género?, se pregunta Power. El sexo existe, somos distintos, pero podemos amar las mismas cosas.

Nuestra cultura está en problemas, afirma y demuestra Power, y trabajar en ello es una tarea convocante para todos. Vivimos en un mundo heterosocial, señala, en el que los sexos se mezclan en todas las áreas de la vida cotidiana, social y ecnómica. El trabajo es una de ellas: ¿cómo deberíamos actuar en este ámbito los hombres y las mujeres para respetarnos diferentes (aspecto que las proclamas igualitarias suelen pretender eliminar o forzar hacia una similitud voluntarista que empobrece a todos) y relacionarnos con equidad en ámbitos cooperativos? Este es un desafío que nace de la muy recomendable lectura de Power. Dejo y comparto aquí el interrogante.

 


martes, 1 de marzo de 2022

 

Varones que mancillan la 

masculinidad

por Sergio Sinay





Tomás Fabián Domínguez, 21 años, Lautaro Dante Ciongo Pasotti, 24 años. Ignacio Retondo, 22 años. Steven Alexis Cuzzoni, de 20 años y Franco Jesús Lykan, 24 años. Estos son los detenidos y acusados por la violación grupal a una chica de 20 años ocurrida el 28 de febrero en Palermo, a la luz del día. Sus nombres no solo deben ser repudiados por organizaciones feministas. Estos cobardes especímenes nos interpelan en primer lugar a los varones. Mancillan a los hombres que aman a sus mujeres con buen amor, que son padres nutricios de sus hijos, que mantienen relaciones sexuales en términos de equidad y de placer compartido y consentido. A los varones que trabajan por una sociedad mejor, que muestran en la vida coraje y testosterona espiritual, de esa necesaria para luchar por la justicia, por el respeto, por la igualdad social y económica, por la paz y los encuentros, insultan a los que honran la diversidad. Estos inexcusables imbéciles violan no solo a una mujer sino a la integridad del amor. La primera barrera a este tipo de canallas, que abundan y nos ensucian, la debemos poner ante todo los varones. Cada uno de estos imperdonables nos convierten a todos los hombres en sospechosos y acusados. Y nos hacen blanco del odio y el resentimiento de quienes ganan (ganancias pírricas) con los desencuentros, con el enfrentamiento, con el desamor.

 Silencio y pasividad frente a basuras así nos dejan en deuda moral ante nuestras compañeras, amigas, novias, hijas, madres, hermanas, colegas o incluso amantes. Una deuda inadmisible y que a nuestras conciencias (que hablan, aunque las silenciemos) les costará saldar. No hay que ser feminista para enfrentarlos, denunciarlos y excluirlos de todo espacio digno de un hombre que merezca llamarse así. Ni hay que estar de acuerdo con las expresiones más sesgadas del feminismo confrontativo, excluyente e intolerante. Basta con ejercer una hombría digna, con demostrar coraje espiritual, con sentir en nosotros la ofensa provocada en el otro cuerpo, en la otra persona.

domingo, 7 de marzo de 2021

 Y mientras tanto los hombres…

Por Sergio Sinay






¿Nos atañe la conmemoración del 8 de Marzo a nosotros, los varones? ¿Basta con apoyar de palabra las justas reivindicaciones femeninas pendientes o con declararse “varón feminista” para estar a tono? Acaso eso calme transitoriamente alguna conciencia, luzca para la foto, para la tribuna o para las redes sociales, como es el caso de presidentes, funcionarios o personajes públicos y no públicos que maquillan por un día su machismo militante. Pero los varones que no somos ni nos sentimos culpables de todos los males de la historia humana, los que procuramos convertir las diferencias naturales (no las culturales que se venden como naturales) entre hombres y mujeres en fuentes de encuentros trascendentes para ambos, los que estamos firme y amorosamente presentes en las vidas de nuestros hijos, nuestros nietos, nuestras compañeras de amor, de trabajo, de búsqueda y de proyectos existenciales, podemos hacer mucho más que eso.

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer se origina en una marcha de 15 mil trabajadoras convocadas por el partido socialista ocurrida el 8 de marzo de 1857 en Nueva York. Pedían condiciones laborales, jornadas y salarios similares a los de los hombres. El clamor creció tras el 25 de marzo de 1911, cuando se incendió la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist, de Nueva York, y murieron 123 mujeres y 23 hombres, la mayoría inmigrantes de entre 14 y 23 años. Pero solo en 1975 (como sucede con tantas reivindicaciones postergadas), la ONU consagraría la fecha en el orden internacional. El recordatorio cobra fuerza año a año, aunque a pesar de las justas demandas que lo sostienen no deja de ser manipulado por oportunistas y fundamentalistas que anteponen intereses propios (ideológicos, políticos, económicos o de secta) a los de un mundo equitativo, donde mujeres y hombres se complementen para vivir vidas con sentido.

Es esta una buena oportunidad para desmentir que las mujeres sean víctimas de los hombres como las gacelas son presas de los leones, es decir por una ley natural inmodificable. Porque de esa creencia deriva el hembrismo, una deformación del verdadero feminismo, que convierte a los varones en culpables por portación de sexo. En todo caso hombres y mujeres somos víctimas, en escalas y de maneras diferentes, de un sistema en el que la justicia no funciona para nadie, la desigualdad es brutal con todos (menos con los apropiadores de la riqueza producida por la mayoría de la humanidad) y la inequidad es pandémica. Más varones que mujeres mueren por causa de accidentes viales y de trabajo, de homicidios, de guerras inútiles y brutales, de enfermedades coronarias, de suicidios motivados por pérdida de trabajo, proyectos y esperanzas. Como víctimas de un sistema que el filósofo Sam Keen (autor de un clásico libro sobre masculinidad titulado Fuego en el cuerpo) llama “corporatral” los varones tenemos el deber de oponernos a ese sistema y trabajar para desactivarlo y transformarlo. Debemos ser los primeros en cercar y denunciar a los femicidas, que son la expresión bestial de mandatos tóxicos que hemos recibido como hombres, de la misma manera que las mujeres han sido intoxicadas por otros mandatos igualmente repudiables. Los varones debemos ser la primera línea en el combate contra el machismo profundamente arraigado en la política, en los negocios, en el deporte, en la ciencia, en la cultura, en las religiones, en los medios y en variados mensajes familiares. Machismo que muchas mujeres convalidan y ejercen. Debemos hacerlo porque no somos los culpables de los males de la humanidad, debemos hacerlo por nosotros, por nuestras compañeras, por nuestros hijos e hijas. Y porque cada femicida, cada machista nos lastima y deshonra a todos los hombres, convirtiéndonos en sospechosos y degradando la hombría fecunda que anida en nosotros y que ha dado valiosos frutos a la humanidad. No se nos necesita feministas, sino humanistas, constructores de un mundo donde todos y todas podamos vivir mejor y la diversidad sea motivo de suma y no de resta, de amor y no de odio. Bella tarea en la cual poner en juego nuestra testosterona espiritual.


lunes, 10 de febrero de 2020

La hora de los hombres
Por Sergio Sinay

No es con una guerra de sexos y géneros como se creará una sociedad más justa y equitativa, sino en una permanente y comprometida cooperación de todos y todas. Desde el dolor, hay hombres que empiezan su tarea.




Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Madres del Dolor, Liga de madres de familia, Red de mujeres judías argentinas, Liga de mujeres evangélicas, asociaciones de madres solteras y toda una larga serie de organizaciones nuclean desde el dolor por pérdidas injustas, desde la vivencia cotidiana de la inequidad y desde la voluntad y la esperanza de mejorar el mundo recibido, a mujeres de diferentes edades y condiciones sociales, económicas y culturales. Muchas de las causas que las reúnen, de los sufrimientos que comparten y de las razones que las agrupan y las impulsan afectan por igual a los varones. Sin embargo, las voces que estos hacen oír en ámbitos deportivos, económicos, políticos o tecnológicos se convierten en resonantes silencios cuando se trata de cuestiones que las prácticas culturales han consagrado como “femeninas”: los hijos, el cuidado, la crianza, la salud, la alimentación, el sufrimiento, los emprendimientos solidarios, la ecología. No es que no haya hombres allí, pero son los menos. Como si los temas y causas que involucran sentimientos, vulnerabilidad, emocionalidad al desnudo, incertidumbre, fueran riesgosos y pudieran amenazar las fortalezas y armaduras “masculinas”.
 Alrededor de asuntos lacerantes, como la muerte violenta de un hijo, la violación de una hija, las condiciones infames en que se producen tantos nacimientos, la caída de hijos en la drogadicción, la controvertida cuestión del aborto legal, la disparidad salarial y de oportunidades laborales y profesionales que padecen las mujeres o el desempleo femenino (que supera en número al de varones), por nombrar apenas algunos, la pasividad, la inacción y el retiro masculino es inocultable. Como si los manchones de injusticia, inequidad, discriminación y violencia que tiñen a la sociedad e intoxican la atmósfera colectiva no afectaran a todos sus integrantes, sin distintos de sexo y de género. Ese silencio masculino es disfuncional y nocivo para unas y otros (no usaré el lenguaje “inclusivo” (?), empobrecedor del rico idioma del que disponemos, del entendimiento y de la realidad). Ese silencio, en fin, es una enorme deuda de los varones hacia la sociedad en su conjunto, incluidos los propios hombres.

DOLOR MASCULINO
Un encomiable intento de empezar a saldar esa deuda se produjo recientemente, cuando se lanzó en La Plata una convocatoria a los hombres dispuestos a luchar contra el machismo. Como suele ocurrir con tantos agrupamientos de mujeres, el dolor disparó el movimiento. Jorge Taddei y Manuel Iglesias aparecieron encabezando este emprendimiento auspiciado por Casa Abierta María Pueblo, el refugio para mujeres, niñas y niños víctimas de violencia, que trabaja desde hace 25 años en la ciudad con reconocimientos de la ONU, Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Taddei e Iglesias perdieron una hija (Wanda Taddei asesinada por el baterista del grupo Callejeros Eduardo Vázquez) y una hermana (Laura Iglesias, violada y estrangulada en Miramar) a mano de otros hombres. Pasaron años desde entonces, el tiempo que les llevó decir “basta” e iniciar esta convocatoria a todos los varones dispuestos a tomar acciones concretas contra la violencia machista. Porque, aunque las víctimas más visibles de esa violencia sean mujeres y niños, resultan muchos los varones lastimados por ese fenómeno (que incluye, en el caso de ellos, el asesinato, los mal llamados “accidentes”, las demostraciones pueriles y salvajes de machismo en banda, la violencia y el autoritarismo en el ámbito laboral y muchas otras modalidades, sin dejar de lado la guerra en todas sus formas).
Según explicaron Taddei e Iglesias en el lanzamiento de esta iniciativa, la sociedad está hoy lo suficientemente sensibilizada como para que el silencio y la inacción de los varones ya no tenga justificación. No estaban solos. En el lanzamiento los acompañaron muchos otros hombres, entre ellos Miguel Pereyra, padre de Marisol, una de las víctimas del cuádruple crimen de La Plata en 2011; Luis Basualdo, padre de Marcela, asesinada en Punta Lara en 2004 junto a su pareja. También los padres de Natalia Melmann y de Carolina Aló, y Hugo Capacio, padre de Dayana, asesinada en 2012 por su novio en Rosario. Darío Witt, abogado y fundador de Casa Abierta María Pueblo, dijo en la oportunidad: ““Creemos que para muchos hombres es importante que el mensaje llegue desde los hombres. Porque nosotros reproducimos esa estructura y esa violencia. Entonces, si no hacemos nada, somos cómplices”.

UN COMPROMISO COMÚN
Probablemente es allí donde está la clave para un cambio de paradigma en este tema que no admite más indiferencia ni postergaciones. En que los varones comprendamos que es a nosotros a quienes nos cabe la responsabilidad de una transformación. Del mismo modo en que las mujeres tomaron los riesgos y asumieron el compromiso de hacer oír sus voces, poner en evidencia inequidades, injusticias y violencia que las afectan y comenzaron una larga marcha que acaso llevará más de una generación. Para los hombres la tarea tendrá características propias. No se trata de “copiar” al feminismo ni de empezar desde la culpa (como tampoco es bueno para las mujeres centrarse en la victimización). Es responsabilidad y no culpa lo que se necesita. Las mujeres marcharon desde lo privado, lo encerrado, lo doméstico hacia lo público, lo visible, lo abierto, lo social. Los varones, a cargo de la vida pública, económica y política durante generaciones, deberemos hacer el camino inverso. Ese camino es más solitario, requiere de cada varón ingresar en un mundo poco conocido y transitado, el de sus emociones, de sus debilidades, de su sensibilidad, su espiritualidad. Conectarse desde allí con territorios inexplorados (crianza, funciones domésticas, salud, educación, cuidado de los otros, cooperación en lugar de competencia) y permanecer en ellos un buen tiempo, hasta que comiencen a ser familiares. Es una tarea individual, dura, desconocida, en la que quienes entraron lo hicieron desde el dolor y la pérdida. Habrá que entrar ahora desde la esperanza, desde la testosterona espiritual antes que la física. Esto requiere un nuevo tipo de coraje.
Cuantos más hombres emprendan la tarea, más seremos los varones en condiciones de trabajar junto a las mujeres, respetando nuestras diferencias y honrando lo más enriquecedor de ellas, para vivir en una sociedad más equitativa, menos violenta, más cooperativa, más amorosa y esperanzada. “Hablo como padre, es un antes y un después no sólo porque es tu hija, sino porque cuando empezás a entender vas aprendiendo que el asesino de tu hija es producto de una sociedad de la que vos también sos parte”, dijo Taddei aquel martes 21 de enero, dando una prueba de ese coraje.
Con esas palabras convergen las de Carola Labrador, madre de Candela Rodríguez, la nena secuestrada y asesinada en Hurlingham en 2011, quien apoyando esta campaña, dijo: “Tiene que ser en conjunto, es entre hombres y mujeres, necesitamos apoyarnos, porque no todos los hombres son femicidas y si bien el feminismo consiguió mucho, necesitamos de los hombres”. Aunque haya quienes desde el sectarismo no lo entiendan así, no se trata de mujeres contra hombres o viceversa, sino de un compromiso común e impostergable.